Sanidad pública en España. Foto: Universo Reports

La sanidad pública en España es uno de los aspectos más valorados por la población. Su cobertura universal, el acceso equitativo y la calidad de los servicios son motivos de orgullo para muchos ciudadanos. No importa si eres niño, adulto o jubilado, cualquier residente en España tiene garantizada la atención médica sin necesidad de enfrentarse a una factura directa al salir del hospital o del centro de salud. Esto hace que muchas personas piensen que la sanidad en España es “gratuita”. Pero ¿es realmente así? Si nos detenemos a analizar cómo se financia, la perspectiva cambia.

¿Es gratuita la sanidad pública en España?

A simple vista, podría parecer que sí, ya que no pagamos al momento de recibir atención médica. No obstante, la sanidad pública en realidad está sostenida por un sistema de contribuciones obligatorias. Todos los trabajadores en España destinan un porcentaje de su salario a la Seguridad Social, y este dinero no solo cubre los servicios de salud, sino también pensiones y otras prestaciones sociales. Generalmente, esta contribución representa entre un 6% y un 7% del salario bruto mensual.

Por ejemplo, si alguien gana 1.500 euros brutos al mes, unos 90 a 105 euros de su sueldo irán destinados a la Seguridad Social. Esa cantidad se suma a la aportación que realiza la empresa como parte de las cargas sociales, que pueden duplicar la contribución del trabajador. En otras palabras, todos los empleados están financiando este sistema, incluso si nunca utilizan el servicio público de salud.

¿Y qué pasa con quienes no trabajan?

En el caso de las personas que no cotizan, como los jubilados, las personas desempleadas o aquellos que no generan ingresos, la sanidad sigue siendo accesible gracias a un principio solidario: los que están trabajando y cotizando financian la cobertura sanitaria de quienes no lo hacen. Además, una parte de esta financiación proviene de los impuestos generales, lo que significa que todos contribuyen, de forma directa o indirecta.

Por eso, aunque no veas un cargo directo en el momento de la consulta médica, lo que estás pagando mensualmente a través de tu nómina o impuestos garantiza que el sistema siga funcionando para todos.

¿Por qué algunos lo consideran injusto?

Aquí surge un debate interesante. Imagina que eres una persona joven, sana, que rara vez visita el médico, o que prefieres acudir a clínicas privadas. En este caso, podrías sentir que estás pagando por un servicio que no utilizas o que utilizas poco. Algunos plantean la pregunta: ¿y si pudiéramos optar por no contribuir al sistema público y elegir un seguro privado? En otros países existen sistemas donde puedes decidir entre sanidad pública o privada, ajustando tus aportaciones según tu elección. Pero en España, la contribución a la Seguridad Social es obligatoria. Esto asegura que el sistema público sea sostenible y universal, pero también limita la libertad de elección de los ciudadanos.

¿Qué es lo que ofrece la sanidad pública que no tiene la privada?

Un aspecto clave del sistema público español es su principio de equidad: todas las personas tienen acceso a los mismos servicios, sin importar su nivel de ingresos, edad o estado laboral. Esto significa que tanto un trabajador con un alto sueldo como una persona desempleada pueden ser atendidos con los mismos estándares.

Además, la sanidad pública cubre una amplia gama de servicios esenciales, desde consultas de atención primaria hasta tratamientos avanzados y cirugías. También incluye prestaciones como trasplantes de órganos, tratamientos oncológicos y servicios de urgencias, que en otros países podrían ser extremadamente costosos o no estar cubiertos por seguros privados.

Consulta médica. Foto: Universo Reports

Esto no quiere decir que el sistema público sea perfecto. Los problemas de saturación y los tiempos de espera prolongados son algunos de los desafíos más comunes. Por ejemplo, muchas personas deben esperar meses para una consulta con un especialista o una intervención quirúrgica no urgente. Es en este contexto donde los seguros privados ganan popularidad como una opción complementaria.

¿Qué papel juegan los seguros privados?

En España, más de 11 millones de personas tienen un seguro privado de salud, según datos recientes. Estos seguros no reemplazan a la sanidad pública, pero ofrecen ventajas atractivas para quienes pueden permitírselo. Entre los beneficios más destacados están:

  1. Menores tiempos de espera: Los pacientes con seguro privado suelen acceder a consultas con especialistas, pruebas diagnósticas o cirugías en mucho menos tiempo que en el sistema público.
  2. Elección de profesionales y centros: Los seguros privados permiten elegir médicos y hospitales, lo que ofrece una mayor personalización en la atención.
  3. Servicios adicionales: Algunos seguros privados cubren tratamientos o servicios no disponibles en el sistema público, como terapias alternativas, chequeos específicos o habitación individual en caso de hospitalización.
  4. Flexibilidad horaria: Muchas clínicas privadas tienen horarios más amplios o atención en fines de semana, lo que resulta más cómodo para quienes trabajan.

Sin embargo, contratar un seguro privado no exime a los ciudadanos de seguir contribuyendo al sistema público. Esto significa que quienes optan por una póliza privada están pagando dos veces: por el sistema público y por su cobertura privada. Esto genera cierta frustración en algunas personas, que sienten que deberían poder elegir uno u otro sistema.

¿Es viable un sistema mixto?

En algunos países, como Alemania o Suiza, existen sistemas mixtos en los que los ciudadanos pueden elegir entre la sanidad pública y la privada, ajustando sus contribuciones en función de su elección. En estos casos, quienes optan por la privada dejan de financiar el sistema público, lo que les da una mayor libertad para decidir cómo gestionar su atención médica.

Pero implementar un sistema de este tipo en España sería complicado. Primero, porque el principio solidario que sostiene la sanidad pública quedaría debilitado. Si los ciudadanos con mayores ingresos decidieran abandonar el sistema público, habría menos fondos para cubrir la atención de quienes no pueden permitirse un seguro privado. Esto podría generar desigualdades significativas en el acceso a la salud.

Segundo, está el factor cultural. En España, la sanidad pública es vista como un derecho básico y universal, y cualquier cambio que ponga en peligro este principio probablemente generaría un rechazo social significativo.

¿Por qué algunas personas prefieren el sistema público?

A pesar de los problemas de saturación y tiempos de espera, el sistema público ofrece ciertas garantías que no siempre están presentes en los seguros privados. Por ejemplo, la sanidad pública no discrimina por edad o condiciones preexistentes, algo que sí pueden hacer las aseguradoras privadas. Una persona mayor o con enfermedades crónicas puede tener dificultades para contratar un seguro privado asequible, pero siempre tendrá acceso a la sanidad pública.

Además, el sistema público no tiene “letra pequeña”. Los seguros privados, aunque ofrecen grandes ventajas, suelen tener exclusiones, límites de cobertura y períodos de carencia que pueden generar problemas en momentos críticos. Por ejemplo, una cirugía costosa o un tratamiento prolongado puede no estar completamente cubierto por un seguro privado, mientras que en la sanidad pública estos costes están asegurados.

Retos de la sanidad pública en España

El sistema de salud público español enfrenta varios retos, especialmente debido al envejecimiento de la población. Con más personas mayores que requieren atención médica y menos trabajadores jóvenes contribuyendo al sistema, la sostenibilidad financiera está en riesgo. Además, la creciente demanda de servicios médicos y la escasez de personal sanitario en ciertas áreas han llevado a problemas de saturación.

A pesar de estas dificultades, la mayoría de los ciudadanos sigue confiando en el sistema público como la base de la atención sanitaria en España. Para muchos, los seguros privados son un complemento, no un reemplazo.

Salir de la versión móvil