Profesional sanitaria explicando una radiografía de columna a una mujer mayor Foto: generada con IA para Universo Reports.

Cuando alguien dice que se ha «roto una vértebra», el término clínico es otro: fractura vertebral por fragilidad. Un hueso debilitado cede con un traumatismo mínimo, a veces sin un golpe recordado. Y la mayoría pasa desapercibida: solo un tercio llega a la atención clínica, según la International Osteoporosis Foundation.

¿Qué es exactamente una rotura de vértebra?

Coloquialmente hablamos de «rotura de vértebra» o «aplastamiento vertebral»; el término clínico es fractura vertebral por fragilidad, causada por un traumatismo de baja energía —una caída desde la propia altura o menos— sobre un hueso debilitado, según la OMS. Si el cuerpo vertebral se colapsa y queda aplastado en forma de cuña, se habla de fractura por compresión (MedlinePlusmanual MSD).

La causa más frecuente es la osteoporosis, una enfermedad esquelética con baja masa ósea y deterioro de la microarquitectura del hueso (OMS). No es la única: un traumatismo o un tumor también pueden romperla. Las fracturas por compresión se localizan sobre todo en la espalda media y la zona lumbar (manual MSD; MedlinePlus).

¿Por qué muchas pasan desapercibidas?

La osteoporosis no duele hasta que se rompe un hueso: es la «enfermedad silenciosa» (NIAMS). Y la fractura no siempre avisa: dos tercios de las fracturas por compresión causadas por osteoporosis no dan ningún síntoma cuando se producen (manual MSD); muchas se descubren en una radiografía realizada por otro motivo.

La OMS resume que la mayoría no se diagnostica; a menudo el primer indicio es haber perdido estatura o estar más encorvado —no un dolor agudo—, según MedlinePlus y el manual MSD. Conviene desterrar un mito: una densidad ósea normal no descarta el riesgo. La mayoría de quienes se fracturan no llega al umbral de la osteoporosis: tienen un T-score superior a −2,5 (guía británica NOGG).

Síntomas: dolor agudo, pérdida de altura y encorvamiento

Cuando duele, el patrón es reconocible: dolor agudo e intenso en la espalda media o baja, a veces descrito como una puñalada. Puede irradiarse a los costados o al abdomen; empeora al caminar, estar de pie o sentado y mejora tumbado (MedlinePlus; MSD). Puede ser incapacitante. Suele disminuir hacia las cuatro semanas y desaparecer hacia las doce, aunque algunos pacientes mantienen dolor y discapacidad.

Con varias fracturas llegan la pérdida de estatura —hasta 15 centímetros en casos extremos— y la cifosis o «joroba de viuda». Basta un esfuerzo mínimo: el NHS señala que incluso toser o estornudar puede colapsar parcialmente una vértebra.

Perfil lateral de una columna vertebral adulta

Señales de alarma: cuándo acudir a urgencias

Las fracturas osteoporóticas rara vez comprimen la médula, pero hay señales que exigen actuar sin demora:

  • Dolor de espalda con sospecha de fractura, sobre todo si aparece de golpe tras un esfuerzo mínimo o una caída leve, o si los síntomas empeoran (MedlinePlus).
  • Síntomas neurológicos: entumecimiento, hormigueo, debilidad en las piernas o dificultad para caminar. Poco frecuentes, pero requieren valoración médica inmediata (MedlinePlus; MSD).
  • Signos compatibles con el síndrome de cauda equina (emergencia médica): pérdida de sensibilidad en genitales, periné, nalgas o cara interna de los muslos; alteración nueva de la función vesical o intestinal; disfunción sexual o debilidad en las piernas. El NHS de Buckinghamshire recalca que el tiempo es crítico: la cirugía precoz, idealmente antes de 24 horas, mejora los resultados. Es raro (1-3 casos por 100.000 habitantes), pero ante estos signos se acude a urgencias sin esperar.

Si hay un déficit neurológico, la guía NOGG recomienda derivación urgente a cirugía de columna.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico parte de la sospecha clínica y se confirma con una radiografía; el TC o la RM se reservan para traumatismos graves, sospecha de tumor o daño nervioso. Una analítica básica sirve para descartar causas secundarias.

La densitometría (DXA) mide la densidad mineral ósea: un T-score de −1 o más es normal; entre −1 y −2,5, osteopenia; y −2,5 o menos, posible osteoporosis (NIAMSNHS). Cada punto de descenso multiplica por 1,5-2 el riesgo de fractura. La evaluación de fractura vertebral (VFA) se indica ante pérdida de estatura de 4 cm o más, cifosis, glucocorticoides prolongados o un T-score de −2,5 o menos (NOGG; consenso español).

Tratamiento: aliviar el dolor y tratar la osteoporosis de fondo

El tratamiento tiene dos frentes: el dolor de la fase aguda y la osteoporosis de fondo. Para el primero, analgesia oral ajustada a la intensidad, movilización precoz y fisioterapia. En personas mayores conviene evitar los antiinflamatorios (AINE); si se usan, con protección gástrica y control de sus efectos (MSD; NOGG).

Los corsés no se recomiendan de forma rutinaria: la evidencia es escasa y pueden debilitar más el hueso. La vertebroplastia y la cifoplastia quedan para casos muy seleccionados —dolor grave persistente pese a un tratamiento óptimo—, según NICE. La revisión Cochrane sobre la vertebroplastia no halló beneficios clínicamente importantes frente a placebo. Además, los procedimientos conllevan riesgos como las fugas de cemento y la embolia pulmonar.

Tratar la osteoporosis de fondo es lo que reduce el riesgo de la siguiente fractura: bifosfonatos orales como primera línea; zoledrónico o denosumab por vía parenteral cuando la vía oral no encaja; y pautas secuenciales que empiezan con un anabólico en muy alto riesgo. El denosumab no debe retirarse sin transición a otro tratamiento. La calcitonina, restringida por la EMA desde 2012, no trata la osteoporosis.

Las medidas generales —proteínas, calcio y vitamina D, ejercicio de fuerza y equilibrio, prevención de caídas— completan el tratamiento. Los fármacos reducen las fracturas futuras, pero no revierten el daño ni devuelven la estatura (MedlinePlus; NIAMS).

Recuperación: el riesgo se concentra en los dos primeros años

Una fractura previa se asocia a un 86 % más de riesgo de otra, y el periodo más peligroso son los dos primeros años (IOF; NOGG). Una estimación del estudio EPOS lo cifra: una mujer de 65 años con una fractura vertebral tiene una probabilidad de 1 entre 4 de sufrir otra fractura en cinco años; con tratamiento, baja a 1 entre 8.

En España, más del 45 % de las personas con alto riesgo no recibe tratamiento antifractura, según el consenso de sociedades científicas españolas, que recomienda iniciarlo cuanto antes. Para el seguimiento se recomiendan las unidades de coordinación de fracturas (fracture liaison services).

¿Quién tiene más riesgo?

El grueso del riesgo recae en mujeres posmenopáusicas y hombres mayores, sobre todo a partir de los 70 años. Factores mayores: más de 65 años, IMC inferior a 20 kg/m², fractura previa por fragilidad, antecedentes familiares de fractura de cadera, glucocorticoides prolongados y caídas frecuentes. También cuentan el tabaquismo, el alcohol en exceso, la menopausia precoz y ciertas enfermedades y fármacos.

En España, la osteoporosis afecta a casi tres millones de personas (prevalencia estimada del 5,4 %; en torno al 80 % son mujeres). En atención primaria, además, solo el 65 % de los mayores de 70 con una fractura por fragilidad tenía diagnóstico previo, y el 57 % no recibía tratamiento específico (estudio PREFRAOS).

Consultar a un profesional: información no es diagnóstico

Este artículo no permite saber si un dolor de espalda concreto es una fractura: ese juicio corresponde a un profesional sanitario. MedlinePlus aconseja consultar si hay dolor de espalda con sospecha de fractura, si los síntomas empeoran o si cuesta controlar la vejiga o los esfínteres.

El mensaje de fondo no es alarmante, pero tampoco pasivo: existen tratamientos eficaces para reducir el riesgo de que se repita, y la prevención empieza por no dar por normales ciertos cambios —perder altura, encorvarse— y por consultar cuando algo no encaja.

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